Reivindicaciones Cerler

Cerler es el pueblo más alto del Pirineo: un lugar de belleza natural, lleno de encanto, historia y tradición. Así lo reflejan su gastronomía típica, la arquitectura de casas nobles y las antiguas construcciones que conforman su identidad. Es un pueblo integrado en su entorno, con un ensanche de apartamentos y hoteles que se extiende hasta la base de la estación de esquí Aramón Cerler. Aun con la cercanía de un gran centro turístico, Cerler sigue siendo, ante todo, un auténtico pueblo de montaña.

Sus gentes, decididas a progresar para no caer en la España olvidada, apostaron con valentía por la construcción de una estación de esquí. En 1964 se inició una nueva etapa que situó a Cerler en el centro de un futuro ligado al turismo, con la esperanza de que el desarrollo alcanzara a cada uno de sus vecinos y a quienes eligieran este lugar de alta montaña para vivir. Cada metro ganado al terreno ha requerido esfuerzo, y por ello debería cuidarse con especial dedicación. Sin embargo, la realidad actual dista mucho de ese ideal. Desconocemos las causas profundas de una situación que arrastramos desde hace años. Sospechamos que la envidia, el caciquismo, los intereses particulares, el dinero o la incapacidad de reconocer el mérito de quienes un día decidieron asentarse en estas alturas son algunos de los obstáculos que afrontamos a diario. Las luchas constantes con la Administración Pública —encarnada en un Ayuntamiento de Benasque que parece considerarse único protagonista del Alto Ésera— y los desencuentros con quienes impulsaron el centro invernal, hoy gestionado por el Grupo Aramón, son parte de esa carga.

Y así, entre unos y otros (Ayuntamiento de Benasque y Aramón Cerler), los vecinos nos sentimos cansados, decepcionados, indignados y profundamente frustrados. Este lugar, elegido por nuestros antepasados para sobrevivir y por muchos de nosotros para vivir, trabajar y formar una familia, sufre carencias inaceptables en servicios básicos que cualquier comunidad moderna debería tener garantizados.

Hablamos de servicios esenciales como el agua potable. En pleno Pirineo —donde “se fabrica el agua”— sufrimos cortes en épocas de máxima afluencia (agosto, Navidad, puentes…). Y las analíticas señalan contaminación por fibras de amianto debido al deterioro de las tuberías, junto con la presencia de parásitos y bacterias que no se eliminan por instalaciones obsoletas así como sufrir los malos olores procedentes de un sistema de alcantarillado en mal estado. Las infraestructuras de captación carecen de mantenimiento y basta un desprendimiento para dejar al pueblo sin suministro. A ello se suman averías recurrentes y la participación, en parte del servicio, de una empresa privada.

Hablamos también de iluminación insuficiente y de mala calidad; de accesos sin señalizar, ausencia de aceras y cableado peligroso; de la falta de transporte público diario para llegar al centro de salud, comercios o entidades financieras situados a siete kilómetros; de la ausencia de un espacio digno para reuniones vecinales, actividades deportivas o intelectuales; de la falta de limpieza adecuada en espacios públicos; de la ausencia de regulación del aparcamiento; y de la necesidad urgente de aceras seguras para peatones y personas con movilidad reducida. Asimismo, Cerler carece de un parque público de viviendas en alquiler que permita ofrecer alojamiento a precios asequibles, tanto para el personal temporal necesario para el adecuado desarrollo de nuestra industria turística durante las temporadas de invierno y verano, como para los trabajadores fijos que demanda nuestro valle en sectores esenciales como la sanidad, la educación, la prevención y extinción de incendios, entre otros.

Todo ello alimenta un sentimiento generalizado de abandono: los vecinos nos sentimos ignorados por el Ayuntamiento, que desoye peticiones y ni siquiera informa o consulta antes de realizar cambios supuestamente orientados a la mejora. A esto se suma un proyecto de gran envergadura —ya declarado ilegal— cuyo fin principal es unir Cerler y Benasque mediante un sistema de transporte supeditado al horario de la estación de esquí. Es decir, solo funcionará en momentos de máxima afluencia. Además, su ubicación está alejada del casco urbano de Cerler, dificultando el acceso de la mayoría de potenciales usuarios, incluidas personas de movilidad reducida. Un proyecto impulsado, una vez más, para satisfacer intereses particulares antes que necesidades reales del pueblo. Hablamos del Telecabina Benasque-Cerler. Por todo ello, pedimos a la Administración Pública (Ayuntamiento de Benasque) y a Aramón Cerler cuidado, respeto y compromiso con este lugar que tanto beneficio les aporta, tanto económico como de reconocimiento. Cerler es en buena parte responsable de que Aramón Cerler figure entre las mejores estaciones del país y de que, gracias a ello, el Ayuntamiento pueda exhibir un modelo turístico destacado.

Pedimos que se cuide el pueblo y que se haga todo lo posible por mejorar la vida de sus vecinos y visitantes. Porque sí, vivimos del turismo estacional; pero para muchos, Cerler es nuestro hogar. Y sin quienes vivimos aquí, ese turismo no sería posible.